martes, 2 de agosto de 2022

"TREINTA KILÓMETROS A LA MEDIANOCHE", DE GUSTAVO RODRÍGUEZ



Los lectores vamos con prejuicios. La literatura que llamamos light lo que busca, finalmente, es entretener a sus lectores.

 

José Vadillo Vila

@vadillovila @mamutquelevita

1.

No había leído ningún libro de Gustavo Rodríguez (Lima, 1968), a pesar de que su primera novela, La furia de Aquiles, tiene 21 años y fue muy exitosa.  

Tal vez se debe a que tenía prejuicios en abordarlo -las ideas preconcebidas siempre están presentes, inclusive en los lectores-. 

Porque Rodríguez es un hombre exitoso. Más que eso es un publicista exitoso. Desde fines de los noventa, su trabajo en este rubro ha dejado algunos telecomerciales y campañas exitosas. A ello se suma las entrevistas que le hicieron, convirtiéndolo en un personaje mediático. Para algunos, su aterrizaje en la Literatura era solo pose, pura cuestión de marketing.  

Creo que esa misma mirada tienen la crítica que no lo ha leído y parte de los mismos prejuicios (¿por qué hablar de un autor que tiene todos los canales de difusión, lo fichan inmediatamente las grandes editoriales, cuando tenemos a grandes autores de los cuales nunca habla la prensa?) a la cual le suma una temática light, que siempre se ve sobre el hombro. 

“Yo soy los relatos que me cuento de mí mismo y soy también los relatos que imagino que los demás tiene de mí.” (Pág. 55)

Pero, ser publicista exitoso es dominar la idiosincrasia de una sociedad y el storytelling, esa forma de hacer una narrativa atractiva para enganchar con las audiencias y vender un producto. 

Ese know how lo ha trasladado a su carrera como escritor avalado por ocho novelas, un libro de relatos, otro de artículos y uno de no ficción sobre la paternidad de tres hijas (Machista con hijas), basado en un podcast homónimo.  

En pocas palabras, Gustavo Gutiérrez siempre ha sido un escritor, con amplio conocimiento de las herramientas narrativas. Listo. 

Cito: “La publicidad no es un arte, pero es la prima rica de las artes. (…) les jode que las artes acudan  a esa prima para venderse como unas putas.” (Pág. 52)


2. 

Entonces vamos con Treinta kilómetros a la medianoche. Usando un paralelo con el cine, Santiago Roncagliolo la califica como una suerte de road movie.  

El relato es lineal: el protagonista está con su novia Karen celebrando una boda en Cieneguilla, cuando recibe una llamada donde le advierten que su hija ha tenido una emergencia y está en un hospital en Miraflores. 

Con la batería casi en cero, el protagonista recorrerá la ruta con Karen y un chofer. Literalmente, son 30 kilómetros a la medianoche. Pero el protagonista, en medio de su nerviosismo como padre asustado, va revelando detalles sobre su pasado mientras pasa por distintos barrios de la capital.

El relato es muy efectivo. Muchas partes mantienen enganchado al lector, con referencias a los políticos (hay una persistente mirada crítica sobre Alan García), la televisión, el cine, la música, locales limeños, que consumimos desde los ochenta en adelante. Algunas referencias literarias como Oswaldo Reynoso (a quien el personaje y el autor le deben el empujoncito para publicar su primer libro) y Philip Roth. 

Creo que un atributo es que Gutiérrez está atento al habla y la forma de pensar de los peruanos (“En este país informal, los hijos son el fondo de jubilación de la mayoría”), en especial de los limeños. Y eso lo traslada con naturalidad a sus diálogos. 

Lo otro es que da una radiografía de las diversas clases sociales limeñas sin caer en densos ensayos. Es una mirada irónica de alguien que ya forma parte de la clase alta y lo critica (“En un par de horas esos conductores se despertarán, soñolientos, y embarcarán a sus empleadores ricachones hacia sus casas y pisos exclusivos.” (Pág. 37)). 

Lo mismo sucede con sus reflexiones de sus hijas, que van creciendo, eligen diversas carreras y tiene amistades variopintas. 

La ironía tan limeña está presente en la novela: “los autos inteligentes se parecen a las personas inteligentes: tiene la habilidad de saber ser herméticos” (Pág. 29); “Mi bisabuelo era un gran hombre de su época y me gustaría mucho parecerme a él, salvo en ese aspecto que convierte a los grandes hombres en perfectos hijos de puta.” (Pág. 177).

Tal vez escriba directamente para el público lector que lo sigue, el cual él lo tiene muy definido y sabe que le gustan ciertos tópicos (aquí vienen otra vez los prejuicios). 

Déjeme voltear la torta. Pero, ¿qué de malo tiene un escritor con varias novelas ya publicadas conocer el tipo de público que lo leen y las temáticas que le interesan, conocer su mercado? Lo hacen siempre los de la literatura juvenil, infantil, la de terror, etc. 

A veces nos olvidamos que la lectura placentera, finalmente, es eso, una forma de pasar el tiempo con algo que nos enganche. 

Y aquí cada uno tiene ideas distintas. Lo que algunos calificamos de literatura light, para otros es pasar un tiempo invertido y sumergido en la literatura, lejos de una pantalla. Lo que para otros nos resulta interesante lectura profunda, con un despliegue de artilugios técnicos, con mensajes profundos, para otros resultará muy aburrido e intragable.  


3.

Gutiérrez se apoya en la autoficción para elaborar este personaje y su entorno, para desarrollar la novela. Repito, desconozco sus demás obras, y por ello no puedo hacer un juicio valorativo del conjunto de su narrativa. 

En Treinta… el personaje principal, igual que el narrador, tiene tres hijas, le ha ido muy bien en el oficio de publicista, lo cual le ha permitido ascender socialmente y disfrutar de una solvencia económica que no tenían sus padres. 

Es una novela que no pretender ser otra cosa. Solo cumple con su objetivo de entretener, generar algunas preguntas, sumergirnos en una clase social cuyos códigos quizá muchos desconocemos. Porque una novela en un escenario limeño, también cumple ese rol: ser irónica, hablar de la realidad desde otra perspectiva.  


Mamut Que Levita


Ficha:

Gutiérrez, Gustavo. Treinta kilómetros a la medianoche. Lima, Penguin Random House, 2022. Pp. 295. 


"EL ÚLTIMO EN LA TORRE" DE HUGO COYA


José Vadillo Vila 
@mamutquelevita @vadillovila

Hugo Coya (Lima, 1960) es un periodista reconocido por sus rigurosas investigaciones. Si bien ha escrito perfiles sobre el narcotraficante Vaticano, el empresario televisivo Genaro Delgado Parker o los peruanos que acompañaron al Che Guevara en su etapa final, el derrotero central de su carrera como escritor de “no ficción” lo ha marcado Estación final (2010), donde dio a conocer a un grupo de peruanos que participaron de la II Guerra Mundial a favor de los aliados. 

El último en la torre es su primera novela. Aquí, el autor limeño vuelve a esta relación Europa-Perú, el espionaje y los personajes judíos-peruanos, ahora enfocándose en la I Guerra Mundial, la “Gran Guerra”, con Ludovico Hurwitz, el supuesto espía peruano que fue el último hombre ejecutado en la Torre de Londres, en 1916. 


***

Por deformación profesional, Coya es de esos autores que busca tener toda la información y elementos para empezar a escribir. Esa rigurosidad que aprendió del periodismo de investigación también la necesita a la hora ficcionalizar. 

A partir del capítulo 3, y más en específico desde el capítulo 5 en adelante, el narrador-investigador va ganando paso. Es decir, el narrador se siente más cómodo brindando información al lector sobre los hechos mientras que otros novelistas hubieran tomado un camino más emocional, más de las acciones. 


***

Ambas formas de ficcionalizar son legítimas. Lo que busca Coya es no dejar cabos sueltos sino avanzar lo máximo posible hasta donde la documentación le ofrece y dejar andar a la imaginación, repito, solo sobre territorio seguro.  

La narración avanza y el punzón permanente es si estamos ante un empresario peruano o un espía de gran talento que toma esa identidad para estar alejado de los radares. 

A la vez, el narrador brinda información sobre el periplo y la llegada de la familia Hurwitz a la pequeña colonia judía limeña. 

Porque no estamos ante un Ludovico Hurwitz, sino ante dos personajes que usan el mismo nombre y se pondrá en escena a las autoridades inglesas. La labor en conjunto de los investigadores Drake y Stevenson será determinante para conocer al hombre que tienen enfrente y decidir su futuro.   

Estamos ante una novela corta bastante ágil, que encandila al lector con estas historias de espías en medio de los conflictos mundiales, donde pensábamos que no teníamos presencia, y Coya está poniendo en valor a estos personajes. Además, el libro incluye un dossier fotográfico sobre los Hurwitz.

 


Mamut Que Levita 


FICHA: 

Coya, Hugo. El último en la torre (Lima, Planeta, 2022) Pp. 146.


“Una carta sin Paul McCartney” de Carlos Contreras



Tras una pausa de unos meses, volvemos con los comentarios de libros en Mamut Que Levita. En su primer libro de cuentos, el periodista Carlos Contreras Chipana (Lima, 1988) explora los barrios periféricos de Lima y varias de sus historias pueden conectar muy bien con lectores adolescentes. 


José Vadillo Vila 

@mamutquelevita @vadillovila 


Para este Mamut Que Levita, el periodismo es una profesión afín con la literatura. Demasiados escritores han tenido un paso importante por el periodismo (García Márquez y Vargas Llosa, son los casos más emblemáticos en la literatura latinoamericana contemporánea). 

Porque el oficio periodístico los mantiene y los obliga a estar atentos a personajes y situaciones cotidianos, aunque esta relación genere también un hartazgo porque el periodismo exige demasiadas horas de sumersión en el día a día y muchos autores prefieren cerrar el ciclo. “Cerrar el quiosco”, como decimos los peruanos. Pero ese es otro tema.  


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De madrugada, como lo hacen muchos periodistas, Carlos Contreras Chipana terminó de dar forma a las diez historias de Una carta sin Paul McCartney y otros relatos (Lima, Caja Nega, 2022). 

Tanto los personajes principales como las temáticas son de jóvenes y adolescentes. Además, el grueso de los relatos es urbano, de la periferia limeña. 

Sin embargo, Contreras Chipana no concentra sus intereses narrativos en un único barrio de la capital. Explora Comas, el Rímac, Villa El Salvador y la avenida Brasil (una zona que ocupan Cercado de Lima, Jesús María, Pueblo Libre y Magdalena). 


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Lamentablemente, el Plan Lector en el Perú no siempre ofrece buenos títulos a niños y adolescentes. 

En ese sentido, recomendaría dos relatos del libro, “Fermín en el cerro” y “La mentira de Jesús”, para ser leídos por escolares desde quinto de primaria, en adelante. Su atributo es que tienen para este público “mensajes”, “lecciones”, son didácticos y escritos en forma sencilla (difícil empresa). 

Otro par de historias del narrador limeño, “Cuestión de códigos” y “Sargento sin nombre”, bien pueden enganchar y ser discutidos en las aulas de secundaria. 


***

El relato central, “Una carta sin Paul McCartney”, el cual da título al conjunto, es una historia de periodistas jóvenes. En su trama se mezclan la pasión, el engaño y cómo no, la música. 

La música es un eje importante en varias de las historias.  También está muy presente en “Hombre de siete letras”, “Matalayunza y “Cuestión de códigos”.

En “Pasajera en trance”, a través de la secretaria “Verritos”, el narrador reflexiona sobre la escritura como herramienta contra la soledad.

“¡Bu!” es un buen trabajo narrativo sobre los tiempos de pandemia y la literatura fantástica, desde un amor fantasmagórico. 


***

Pero Contreras Chipana, decíamos, no solo explora los espacios urbanos: “Matalayunza” y “Fermín en el cerro” se ambientan en pueblos andinos. 

El primero, es de los mejores relatos del conjuntoy, con un buen desarrollo de acciones y personajes, mientras que en el segundo el narrador da nueva tuerca al mito del duende y su canasta de oro. 


Mamut Que Levita 

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

Cacería incesante de Pedro Novoa



1.

El escritor huachano Pedro Félix Novoa (1974-2021) fue uno de los mejores narradores de su generación e, igual que Jorge Ninapayta (1957-2014), el gran cuentista sanmarquino, Novoa nos dejó tempranamente. 


A diferencia de los futbolistas, los narradores y poetas, salvo excepciones, maduran su obra con el tiempo. 


Debemos de recordar que, desde inicios de siglo, el nombre de Pedro Novoa comenzó a asociarse a los premios literarios. 


La prensa y la crítica literaria volvieron los ojos cuando se hizo del Premio Internacional de Novela Corta Vargas Llosa 2012 por la novela Maestra vida


Conocí a Pedro Novoa en Piura, justamente en la sobremesa de una feria del libro como esta. Entre unas cervezas y unos piqueos. Recuerdo que me vendió un volumen de entrevistas al escritor argentino Ricardo Piglia, volumen que aún conservo. 


Luego, en Lima, en mi faceta de periodista cultural nos encontramos en la Feria Internacional del Libro de Lima y también lo entrevisté cuando publicó La sinfonía de la destrucción (Lima, Planeta, 2017), una novela que lo consagró, ya que fue la primera que publicó en una editorial grande. 


2.

Pedro Novoa tenía un dominio de la técnica literaria y de un conocimiento profundo y de primera mano de las marginalidades. 


La última entrevista que le hice fue vía telefónica, el año pasado, en medio de la pandemia. La terminamos por wasap. Pedro ya estaba con los primeros síntomas de la enfermedad. La entrevista fue sobre su aporte como investigador sanmarquino para una prueba de evaluación internacional para alumnos. 


Es importante mencionar la huella de docente, de colegio, instituto y universidad, en la vida y la escritura de Pedro Novoa. Es, considero, tan o más importante que su formación temprana como infante de la Marina de Guerra del Perú (1992-1997), que luego deja para postular a la carrera de Educación, en la Universidad Nacional Federico Villareal. 


3.

Ambas situaciones fueron elementales a la hora de ficcionar. Por ejemplo, en Sinfonía de la destrucción, Pedro aprovechó su paso como docente de instituto Sevilla, en el distrito del Rímac, para conocer personajes y espacios. Conocía las carencias de la educación pública peruana. Todo ello está implícito se expone en el contexto de Sinfonía…


El profesor de instituto fue reemplazado por el profesor universitario, acostumbrado a los trabajos académicos, al manual APA. Arriesgo a decir que Pedro le robaba horas a su labor de docente, lo que suena lógico, para escribir su novela porque en Cacería incesante hay sangrías, la forma de separación de párrafos subordinados que hablan de ese profesor universitario. Y, lo más importante, no afecta a la novela. Tal vez se trató también de un juego del autor. 


El profesor y el exinfante alimentaban los mundos imaginarios del autor. Recuerdo que en la FIL Lima 2019 coincidimos Juan Manuel Chávez (quien escribe el texto introductorio de Cacería…), Pedro Novoa y yo y nos quedamos charlando largamente aunque no pudimos concretar continuar la cháchara en otro lugar donde calmar la sed literaria. 


Pedro estaba muy emocionado, recuerdo, porque había contactado con un antiguo compañero de armas, “un locazo”, dijo, quien se convertiría en la inspiración, me arriesgo, de “Kilovatio”. Aunque en el personaje también hay mucho de Novoa. 


4.

Cacería incesante es una novela de espías muy del siglo XXI: una que se desarrolla en un mundo globalizado, pues sucede en escenarios de Europa, Estados Unidos, África y el Perú. 


Con referentes globales como “el presidente de la nación más poderosa del mundo” (EE UU), “el Bananero”, el presidente de Venezuela; los pactos bajo la mesa de las potencias, el daño al medio ambiente, el rol de los mercenarios, entre otros. 


Hay un conocimiento de los armamentos, de los movimientos de los militares a la hora de las operaciones. 


Hemos tenido novelas y cuentos peruanos escritos sobre el tema del daño medioambiental, pero la de Novoa es, primero, global, y a la vez, descarnada y bien escrita, sin necesidad de dar mensajes moralistas, como lo hacen los cuentos de niños.  


En sus 186 páginas, el crítico Gabriel Sexton Ruíz ha encontrado no solo violencia realismo sucio, sexo goteante, también poética. La de Novoa es una prosa nada convencional, prosa poética y salvaje.  


Pero esta novela también es un canto al amor a Rosalin, la esposa del Novoa, que se vuelve personaje. Y en esta locura escrita en distintas voces y perspectivas, al frío y calculador lobo estepario de “Kilovatio” se le escapa el flanco más olvidado y personal, el del amor. 


Opino que estamos ante una nota salvaje pero romántica: una máquina de mata, como Kilovatio, es seducido y finalmente, traicionado, por el arma del amor. Es el canto al amor de Novoa, quien terminó de corregir la obra en sus últimos meses de vida. 


(*) Texto leído el 2 de julio de 2021, en la I feria del Libro de Magdalena, en la plaza Túpac Amaru, durante el homenaje a Pedro Novoa y la presentación póstuma de su novela. 

Ficha:

Novoa, Pedro. Cacería incesante. Lima, editorial Mesa Redonda, 2021. Colección bicentenário.  

domingo, 25 de abril de 2021

Occidente conquistó el mundo… y empezó a perderlo, de Antonio Caballero



Diez siglos al alcance de la mano. En Occidente conquistó el mundo… y empezó a perderlo, Antonio Caballero, caricaturista, periodista y escritor colombiano, sintetiza con maestría la historia (básicamente) de Occidente, del siglo XI al XXI. 

He leído el libro con mi hijo de 12 años y puedo decir, con conocimiento de causa, que Caballero utiliza un lenguaje sencillo, con el que invita tanto a escolares de secundaria como a cualquier persona no iniciada en la academia a explorar en esta lectura parte importante de la Historia, con una visión sintética, la cual no deja de contener una mirada crítica a los hechos. 

El otro aporte es su estructura. Cada capítulo (donde Caballero aborda un siglo), es acompañado de un texto adicional sobre un personaje (real o de ficción), artilugio o lugar que mejor representa a esa centuria. Y claro, las geniales ilustraciones de Juan Ballesta son una alegría para el lector. 

Así, al siglo XI, acompaña la imagen del Cid; al XX, Robin Hood; al XIII, San Francisco; o el internet, al XXI.

Antonio Caballero, con pluma maestra, propone al lector un viaje ameno por la historia, una forma fresca con la que nos invita a mirar estos últimos mil años.


Ficha técnica. 

Caballero, Antonio. Occidente conquistó el mundo… y empezó a perderlo. Bogotá, Editorial Planeta, 2020. Pp. 133. 

martes, 9 de febrero de 2021

‘¿Ahora qué?’, de Pedro Morillas


Con un estilo directo y sencillo, el empresario Pedro Morillas ensaya respuestas sobre la sociedad pospandémica en las 147 páginas de su nuevo libro, ¿Ahora qué?

Morillas parte con una cita de George Bernard Shaw, “El progreso es imposible sin cambios y aquellos que no cambian de opinión no pueden cambiar nada”. 

Con ella, da luces del espíritu del libro: la necesidad de cambiar, de repensar para continuar viviendo, produciendo, sin dejar de lado el bienestar humano. 

En capítulos cortos, expone las reflexiones de un curioso que se define como “un libre pensador sin filiaciones políticas” (Pág. 71). 

Parte de su propia vivencias, como empresario exitoso que fue víctima de la corrupción en el Perú de los años noventa. De cómo Carrocerías Morillas S.A. prácticamente desapareció gracias a un juego desleal donde se involucraron altos funcionarios de Indecopi, el BCP y las empresas brasileras como Marco Polo y Buscar. 

Estos capítulos son contrapesados con las reflexiones de un testigo del mundo. Morillas es un empresario que se ha relacionado con sus pares de distintos continentes a lo largo de su vida. Pone un ojo especial en lo que ha sucedido en las últimas décadas en el Asia: Singapur, China, y lo compara con el modelo neoliberal, el capitalismo salvaje de Occidente, representado por los Estados Unidos. 

Explica que la gran diferencia entre ambas es el enfoque: mientras Occidente piensa en el “yo” (individualismo), los países orientales piensan en el “nosotros”, una suerte de colectividad que compara con el ayni incaico. “En ese sentido, los asiáticos defienden los derechos humanos de la sociedad, no del individuo” (Pág. 73). 

A propósito de los modelos económicos, recuerda que el comunismos, ya no existe, y solo quedan los sistemas antagónicos capitalista y socialista. 

Hacia la sociedad rosa 

Comenta que el nuevo modelo económico que se gesta en el mundo no es ni “roja” (comunista) ni “blanca” (capitalista) sino una mezcla de ambos, una “sociedad rosa”. Asegura que será “mucho mejor que el modelo económico en el que vivimos ahora”. 

Además, el autor está convencido que el nuevo liderazgo mundial que se consolidará en los siguientes años será femenino. Un ejemplo de ello es que los países que han dado mejor respuesta al covid-19 han estado liderados por mujeres. 

Expone en que sociedad pospandémica no debe de ser “normal” sino más sensible “hacia la desigualdad económica y racial, la pobreza extrema, la corrupción y la destrucción de la naturaleza”. 

Morillas es un empresario que mira al resto de sus congéneres no solo como un mercado ni como mano de obra. Enseña a mirar el mundo con sus vasos comunicantes, a la empresa como un articulador importante de riqueza, pero se preocupa, sobre todo, en el mundo por venir, que necesita de líderes distintos. 

Es tiempo de elecciones en el Perú, urgen mentes con ideas frescas, fuera de los clichés que dominaron la chata política nacional. Lo “rosa” es posible. 


Ficha:

Morillas, Pedro. ¿Ahora qué? Lima, Primera Persona, 2020. Pp. 147. 


viernes, 8 de enero de 2021

"Todo menos morir", de Alina Gadea


Ensayo algunas ideas sobre las raíces de esta novela, Todo, menos morir. Debió de nacer de una relación simbiótica, de anotaciones sobre un ensayista beodo que escribe sobre un poeta alcohólico. Después, los espacios comunes: Lima, Barranco y el hospital psiquiátrico Larco Herrera. 

Se amplificó, hacia los rasgos homosexuales en ambos personajes. El siguiente paso fue ahondar en las complejidades de cada personaje, sobre todo de Sandro Tasso, un por qué más interesante, ya que el de Martín Adán es harto conocido en el territorio de las Letras y cada cierto tiempo vuelve, bajo una mirada amarillista, por la prensa. 

Locura, homosexualidad, alcoholismo, poesía, pobreza, parecen un excelente caldo de cultivo para los narradores. Pero no todos pueden salir airosos. 

En Todo, menos morir, Alina Gadea ha tomado esos tópicos, para presentar una novela breve e intensa. 

Afirma el editor Gabriel Ruiz Ortega que estamos ante la mejor novela de la escritora. Desconozco lo anterior de la producción literaria de Alina Gadea, pero Todo, menos morir demuestra un manejo narrativo de alto nivel: estamos ante una escritora con mucho oficio, que ofrece una tensión al lector, a través de los 15 capítulos de la novela. 

Una acotación: La última década se han publicado a una importante cantidad de narradoras y poetas peruanas, de distintas urbes del país y residentes en el extranjero; la mayoría de gran calidad. Es algo sano y necesario; estamos ante un mercado literario más democrático si uno lo compara con la década de los noventa, por ejemplo, cuando la producción de literatura hecha por mujeres se supeditaba a dos o tres nombres.  


La obra 

Volvamos. A través de retazos de un supuesto ensayo, que se confunde con los fuegos fatuos y el tratamiento de Sandro Tasso, la narradora va dando luces sobre Martín Adán, ese personaje bohemio, de clase alta empobrecida, que sacrificó un futuro asegurado por no claudicar a la poesía, a la libertad y huir de la daga de la pacata sociedad limeña por su opción sexual.

En tanto, está la tensa y difícil relación de Sandro Tasso y Emilia. Gadea va soltando, poco a poco, detalles sobre ambos personajes. 

Las escenas con el alcoholismo son muy vividas. Tasso y Martín Adán, en sus contextos, parecen incurrir en la necesidad del trago para borrar la memoria, en el fondo, para ser menos juzgados.  


Personajes femeninos

Si al inicio hablamos de tópicos como locura, homosexualidad, alcoholismo, poesía, pobreza, quiero agregar la mirada femenina. 

Hay una gran huella de los personajes femeninos en la novela. Es un tema subrepticio. Ellas (madres, tías) son personajes perturbadoras y marcan el derrotero de los demás personajes. 

En ese horizonte, Emilia representa la ternura negada a ambos personajes. Y ella no solo se siente tabla de salvación, sino también salvada, aunque la relación sea, a ojos del resto, una relación tóxica. 

Todo, menos morir permite a Alina Gadea ensayar subrepticiamente sobre el rol vital de las mujeres en la formación del ser humano, más allá de la ausencia del padre y de otras carencias. 


Es cordura ponerse lírico

cuando la vida se pone fea 

escribió Martín Adán, ese poeta tan luminoso tan humano.  


Personajes principales: 

Sandro Tasso, Emilia, Martín Adán 


FICHA: 

Gadea, Alina. Todo, menos morir. Lima, Emecé Cruz del Sur, 2020. Pp. 94. 


domingo, 6 de septiembre de 2020

'Una banca en el parque' de José Eslava

Una breve obra que habla a los niños sobre el amor de pareja, el amor por los libros y el paso del tiempo. 



UNO

Si se quiere tener una mirada global de la literatura peruana infantil y juvenil, debemos de mencionar a dos autores fundamentales: Oscar Colchado Lucio (Ancash, 1947) y Jorge Eslava (Lima, 1953). 

En términos generales, los personajes y escenarios del primero tienen están relacionados al universo provinciano y rural. Mientras que los del segundo, dan al lector una mirada limeña y urbana. 

Un buen Plan Lector para niños y adolescentes, representativo del Perú, debe de incluir a ambos autores. Sus universos se complementan: el compromiso y sensibilidad de ambos escritores con sus lectores (la literatura para niños y adolescentes siempre olvidados por los grandes autores “serios”, que escriben para adultos, la crítica literaria y los reseñistas), es a prueba de balas. 

Hablar de esta literatura es fundamental cuando lo que está en juego es el futuro del libro -independientemente del formato que tome- y del amor por la lectura. 

No es casualidad que ambos premiados narradores, Eslava y Colchado, sean también poetas y educadores. 

Es decir, amén de la sensibilidad artística, hay una formación, un conocimiento sobre la psicología de los niños y un uso adecuado del lenguaje. Todo ello conjuga a favor para que sus trabajos narrativos sean tan convenientes -si me permiten el término- para empezar este romance con las Letras.

Si hablamos de triada. Otro autor contemporáneo importante es el genial poeta José Watanabe (1945-2007). Solo dejo el nombre para que busquen sus obras de literatura infantil. 


DOS 

El año pasado, Jorge Eslava publicó Una banca en el parque. Es un libro breve, de tapa dura y no más de 30 páginas, editado por Peisa, con ilustraciones de Beatriz Chung. 

Una banca en el parque es ideal para niños de 10 u 11 años, en promedio. Hay tres cosas importantes que conjuga en sus pocas páginas: 1) el amor de pareja, 2) el amor por la lectura, y, 3) el paso del tiempo. 

Son temas difíciles de tocar, aunque aparentemente sean lo contrario y formen parte del día a día. 

Primero, el amor de pareja es algo que ruboriza a los menores, mientras se hacen más adolescentes, este sentimiento se complejizará. 

Segundo, el amor por los libros no debe de ser una imposición, sino fluir de manera natural. Y el personaje de Eslava, un profesor de escuela, se enamora de una muchacha a quien encuentra en la banca de un parque leyendo un libro. Es decir, el amor romántico es resultado del amor por los libros. 

Es curioso, porque el profesor es testigo del rompimiento de la muchacha con otra persona, pero eso no le interesa, cuando ve cómo ella vive y goza con las lecturas. Y es lo que produce el flechazo. 

Tercero, Eslava cuenta en pocas palabras el paso del tiempo. Cómo este amor romántico crece. Testigos son el guardián y los niños que juguetean en el parque, y todos somos testigos de cómo el amor romántico entre el profesor y la muchacha, se mantiene hasta la senectud. Y todo por un libro. 

El uso del rojo y el amarillo y el trazo con que dibuja a los personajes Beatriz Chung Oré en sus ilustraciones, otorga a la obra de un aire melancólico, que va acorde con este amor romántico, amor por las Letras. 


FICHA TÉCNICA:

Eslava, Jorge. Una banca en el parque. Lima, Peisa, 2019. 

jueves, 20 de agosto de 2020

Salvar el fuego de Guillermo Arriaga

Luego de un descanso prolongado, este Mamut Que Levita retorna a las andanadas blogueras. Esta vez para hablar de Salvar el fuego, del escritor y guionista mexicano Guillermo Arriaga, Premio Alfaguara de Novela 2020. 


Este Mamut Que Levita sale de su hibernación para darle un nuevo soplido a esta página, después de las agotadoras jornadas de teletrabajo. 

Uno 

Confieso, sacerdotes de la palabra, que pertenecía al bando de los reacios a leer narrativa de largo aliento por placer en formatos electrónicos. 

Reservaba el uso de los libros electrónicos y los libros en formato pdf para cuestiones más utilitarias (académicas, estadísticas) o acumulativas (“sí, tengo ese libro en pdf”).

Máximo le daba un vistazo a algunos poemas sueltos (jamás poemarios enteros) para refrescar el día, como un buen café mental y aliviar la monotonía digital. 

Aún prefiero el olor y la textura de los libros físicos, como los fetichistas, y amo la lectura sosegada que brinda, que no cansa la vista. Sin embargo, la pandemia del coronavirus nos permite replantear nuestros cánones, romper algunos moldes, desafiar nuestras ideas preconcebidas y probar y comparar experiencias artísticas. 

Diré que la lectura en Kindle de una obra narrativa, me resultó interesante, sobre todo porque podía saltar del smartphone al formato laptop en cualquier momento; amén de hacer mis propios subrayados y descubrir ventajas tecnológicas como, por ejemplo, conocer las frases más subrayadas por otros usuarios/lectores. Y, claro, utilizar menos espacios físicos en momentos que el metro cuadrado en los espacios urbanos hace que el libro físico sea un lujo de tiempo y espacio.


Dos 

Las cuestiones de distribución de libros físicos se atrofiaron por el mentado bicho del covid-19, y a mí me interesaba leer lo nuevo de Guillermo Arriaga. 

Como le sucede a muchos, el nombre de este narrador mexicano me llamó la atención después de leer los créditos de Amores perros (2000), del director Alejandro González Iñarritu y descubrir el nombre del guionista. Sus personajes no eran maniqueos, exudaban humanidad y podías cruzártelos en cualquier esquina. Podías reconocer a los tuyos en ellos. 

Entonces busqué y pude leer, primero, El búfalo de la noche; después, buceando en las pocas librerías limeñas, también leía Un dulce olor a muerte y Escuadrón Guillotina, todas publicadas por editorial Norma. Y diré que valió la pena esa búsqueda implacable. 

A la par, Arriaga continuaba creciendo y creando fama como guionista. Luego de 21 gramos y Babel -ambas también con González Iñárritu en la dirección-, llegó al celuloide El búfalo de la noche (segunda obra suya protagonizada por Diego Luna y con guion del propio Arriaga); Los tres entierros de Melquiades Estrada, dirigida por Tommy Lee Curtis, y el propio Arriaga debutó como director en The Burning Plain


El Salvaje 

Fueron, también, diecisiete años de silencio editorial, desde El búfalo de la noche hasta que, en el 2017, salió de imprenta El Salvaje. Claro, el autor publicó en el 2006 los cuentos de Retorno 201, pero esa es otra historia. 

Si las anteriores eran breves -el más voluminoso era El búfalo de la noche con 236 páginas-, El Salvaje valía su espera su historia tomaba cuerpo en 693 páginas. “Uno tiene que escribir lo que tiene que escribir. Y la extensión es la que tenga que ser”, me dijo el autor, en aquella, su primera visita a Lima, en el 2017. 

Creo que Arriaga ha escrito una de las grandes novelas juveniles de América Latina. Mejor dicho, El Salvaje es la novela juvenil latinoamericana del XXI por excelencia. Dura y tierna. Contemporánea y anacrónica. Citadina y rural. Sobre todo, humana. Búsquenla.

Por ello, me llenaba de curiosidad cuando la noticia que había ganado el Premio Alfaguara de Novela 2020. Hacía varios años que no leía un Premio Alfaguara de Novela. La había pasado cojonudo con Caracol Beach (1998), Son de mar (1999), Últimas noticas del paraíso (2000), El vuelo de la reina (2003), Diablo guardián (2003), Abril rojo (2006), El arte de la resurrección (2010) y no muy convencido con Una novela criminal (2018), que se llevó otro mexicano, Jorge Volpi, un genial escritor, que había intentado allí un trabajo literario con aires de novela de no ficción a lo Truman Capote. 

Se daba -continúo el preámbulo-, de leer a un gran escritor y volver al Premio Alfaguara de Novela, que sabe de cimas y sismas; de márquetin y lisonjas al buen arte. 


Salvar el fuego 

Lo primero, Salvar el fuego es totalmente posmoderna y mexicana.

1.- El humor, la primera clave. ¿Por qué los escritores latinoamericanos seremos tan duros con el pobre jajaja? En Salvar el fuego, el humor es un elemento muy sudaca. Permite edulcorar el drama de gobernantes corruptos, de la aplastante presencia del narcotráfico en la vida diaria. 

Humor e ironía ya los utilizó el autor en Escuadrón Guillotina, ambientado en tiempos de Pancho Villa. No era una novela solemne histórica. Era diametralmente opuesta a la sombría El búfalo de la noche, que lleva familiaridad con Amores perros en el ambiente chilango, en la juventud, en el halo de la muerte. 

2.- La verosimilitud de la novela. Si André Bretón decía que México era el país más surrealista (“No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo”, dijo en específico), Arriaga lo confirma con sus personajes, a quienes da soplos de vida con unos diálogos sabrosos, un abanico de las distintas hablas mexicanas; sobre todo, el contrapunto que hay entre chilangos y los del norte.  

2.1.- En Salvar el fuego, Arriaga toma de las mechas un aspecto espinoso para los críticos y lingüistas: la castellanización de términos en inglés. La relación simbiótica entre Estados Unidos y México se refleja muy bien en este spanglish libresco que recorre la novela, como sucede en la vida misma. 

Es este español híbrido y no el uso de tecnologías, lo que le da posmodernidad a la novela. ¿Dónde termina un idioma y empieza otro? Para los mexicanos resulta sencillo, y para los latinos, tan subyugados a la cultura de Hollywood, también es natural esta simbiosis. Estos juegos también pueden proponer cierto humor. “Juatdafok”.

Las clases sociales se marcan de acuerdo al habla de los personajes. Mientras Marina y su entorno, de los barrios exclusivos del DF, es remilgado; el de los bajos fondos, no tiene límites, chapucea, hace y deshace a su antojo la lengua de Cervantes (¿quién carajos es Cervantes?). 

Y José Cuauhtémoc, un surrealista gringo con sangre india; un preso con dominio de la cultura más alta, es justamente quien sirve para unir ambos universos sin colisionar. 

Este personaje es totalmente parte del arquetipo del universo de Arriaga: un salvaje, que también conoce de los giros poéticos. Solo en Arriaga estos dos universos van de la mano con naturalidad. Creo, que es una proyección del propio autor.   

Y el espacio donde se da el encuentro de mundos es el Reclusorio Oriente, famosa cárcel mexicana por ser antimodelo, con el narco como voz cantante y los funcionarios corruptos, el coro perfecto.   

3.- Hay un tributo a Juan Rulfo en la construcción del personaje Francisco Huiztlic: Arriaga también, como el autor de Pedro Páramo, hace dialogar a los muertos. La muerte, la vida al borde siempre están respirando sobre la nuca de los personajes. Es la marca de Arriaga. Es, también, el sino de Latinoamericana. 

4.- El oficio determina una construcción cinematográfica de la novela. Es como si el lector fuera un espectador que pasa de una escena a otra. Otro Premio Alfaguara que usó una técnica cinematográfica fue el desaparecido autor cubano Eliseo Alberto, quien también era guionista, como Arriaga, en Caracol Beach. Es casi una película en papel. 

En Salvar el fuego, básicamente tres personajes (Marina, José Cuauhtémoc y Francisco) construyen los ladrillos de la historia desde sus puntos de vista. 

Solo en el caso de Marina, va cambiando el narrador. Al inicio es un narrador personaje y ya casi al final, toma su historia un narrador omnisciente. Esto se debe también a los cambios de Marina: es ella, finalmente quien va a descubrir el fuego, quien deja todo por conseguir, finalmente, algo que llene su vida con una trayectoria ya definida.  

Las narraciones de las reflexiones de Francisco se mantiene la segunda persona -cuando le habla a su padre, Ceferino-. Para José Cuauhtémoc mantiene un narrador omnisciente que a veces se mete en la novela. Ceferino es un personaje que permite ver las contradicciones de la sociedad mexicana, la búsqueda permanente de reivindicación ¿o vengan? de las sociedades indígenas frente a sus conquistadores hace 500 años.  

Hay una suerte de “cortinas”, entre la narración de un personaje y otro. Marcan el inicio de cada capítulo. Se trata de los supuestos textos elaborados por los presos en el taller de narrativa que se dicta dentro del reclusorio. 

Estos textos tienen son bisagras: hay ciertas palabras o sentido que sirven como preámbulo a lo que vendrá. Otra lectura sobre estos pequeños textos nos dirá que son un límite entre la realidad y la ficción, ¿sucedieron realmente o son la elucubración de hombres que están encerrados en la cárcel?  

5.- La venganza o “fatwa narca” de El Máquinas sobre José Cuauhtémoc da un cierto aspecto de crónica anunciada que recorre el libro. Ya Arriaga había trabajado este tipo de tramas, captando la atención del lector, que quiere conocer el desenlace, en Un dulce olor a muerte. Pero en Salvar el fuego, es más rocambolesco, porque El Máquinas es más testarudo.

6.- En la obra de Arriaga los personajes urgen del sexo para, simplemente, sentirse vivos. El sexo salvaje lo practican todos, los humaniza, los vuelve terrenales, homogeniza al rebaño; hombres y mujeres lo buscan. 

Son algunos apuntes que puedo hacer de Salvar el fuego. Considero que la historia y la adrenalina corren a gusto del lector, pero El Salvaje sigue siendo superior. Lean ambas y compárenlas. El viaje será interesante.  

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  @vadillovila