sábado, 23 de mayo de 2020

Lima y Piura según Varguitas

El héroe discreto marcó el retorno del Nobel de Literatura 2010 a los escenarios peruanos.



De la Lima de los años cincuenta a la megápolis actual. Si en La ciudad y los perros (1963), Conversación en la Catedral (1969) y La tía Julia y el escribidor (1977), la capital peruana era una ciudad todavía pequeña, medible, que partía del Centro hasta Miraflores. 

En su autobiográfica El pez en el agua, el Nobel arequipeño miraría primero con nostalgia la ciudad y, luego, con ojos de candidato al sillón presidencial a esa urbe que crecía y se hacía inconmensurable, igual que el país que recorrerá como candidato a la cabeza del Frente Democrático (Fredemo) en la campaña presidencial de 1990. 

Sobre esta primera geografía limeña según Vargas Llosa, PromPerú presentó en el 2008 un libro que hasta hoy se puede descargar gratis por internet, La Lima de Vargas Llosa. Rutas literarias

En cambio, la Lima posmoderna, la que crece con una economía de mercado a ritmo acelerado, se retrata en El héroe discreto.

Esta urbe sudaca del siglo XXI tiene su epicentro financiero en el distrito de San Isidro, el Wall Street limeño. Vargas Llosa no es ajeno a esa mudanza de las grandes firmas que fueron dejando el Centro Histórico a partir de la década de los ochenta, por el temor a los atentados de los grupos terroristas, el empobrecimiento acelerado de sus alrededores y siempre buscando otros espacios exclusivos. Hoy tener sedes centrales en San Isidro o Surco dan caché (o eran algo importante antes de la pandemia del covid-19); como si los edificios, homogenizados con vidrios templados y laminados, dieran estatus y se convirtiesen en sinónimos de calidad, ¿o no? El cielo es el límite.

PERSONAJES Y MOVIMIENTOS

También influido por la sanidrización de las finanzas peruanas, que se vigorizaron en los albores del XXI, el octogenario empresario Ismael Carrera ha mudado la firma de seguros que fundó su padre. Con él trabaja, desde hace tres décadas, don Rigoberto, sibarita personaje presente por tercera vez en una novela de MVLL, además de ser mencionado en el cuento infantil Fonchito y la luna (2010). 

El don Rigoberto de El héroe… ya está a punto de jubilarse e iniciar el momento más gozoso de su vida: dedicarse en adelante a admirar el buen arte, viajando por Nueva York, París, Madrid, Milán, México, visitando los museos del primer mundo, escuchando conciertos junto a doña Lucrecia, la amable madrastra de Fonchito. 

Los personajes del Nobel arequipeño no se mueven por toda la ciudad. Vargas Llosa no buscó una novela total limeña (tal vez la que más se acerque a este propósito literario sea Conversación en la catedral). Si bien otra novela de estos fines estilísticos y totalizadores es La casa verde, la obras vargasllosiana por antonomasia que da la mirada más abrumadora y totalizadora de una sociedad, sin lugar a dudas es aquella que se inspiró en la rebelión en Canudos, La guerra del fin del mundo

En cambio en El héroe discreto, MVLL toma la urbe como pretexto para hablar de los limeños de la clase social que él mejor conoce: la clase alta. No toma la temperatura al auge de las nuevas Lima, de Lima Norte, Lima Sur o Lima Este, que los marqueteros y sociólogos sí enarbolan porque estos nuevos espacios son alimentados. 

Volvamos. Decíamos que los personajes de El héroe discreto no se mueven por toda la ciudad -no son periodistas ni “marcas”- sino circulan por determinados distritos. 

Narciso, el chofer de Ismael Carrera, recorre el mundo en un Mercedes Benz, por las calles de Miraflores, Barranco, San Isidro. Es el espacio geográfico y humano que delimita la novela. Chorrillos es sólo un ramalazo, un escenario del apretujado matrimonio civil de don Ismael, cuando se casa en segundas nupcias con su empleada doméstica, Armida, lo que llena de rabia al par de vagonetas de sus hijos, Miki y Escobita, cada uno más inútil que el otro. 

Vargas Llosa toma el pelo de las mañas, traumas y racismo de la clase alta limeña. Para Miki y Escobita y para media Lima es casi una deshonra tal matrimonio; y lo reproducen los medios de comunicación masiva, es la comidilla, como los escandaletes de los cuales “la civilización del espectáculo” se alimenta a diario. 
El único que escapa de estos escenarios es el padre Pepín O’Donovan, que aunque pituco, trabaja en una parroquia de Bajo el Puente y desde ahí, pedaleando en bicicleta, recorría la gran Lima. 

Sí, Vargas Llosa escribe “Bajo el Puente” y nunca llama al distrito el Rímac, tal vez como una licencia poética, o porque se quedó con esa mirada de la Lima de los cincuenta. Desde hace más de 30 años, para el resto de los vecinos es, simplemente, el Rímac. 


PEQUEÑO ESPACIO DE CIVILIZACIÓN

A Fonchito se le aparece, no sabremos nunca si fantasma o creación mental, Edilberto Torres, y con el personaje de Elogio de la madrastra recorreremos mejor la ciudad desde la perspectiva de la clase media alta limeña. 

Fonchito, que ya está en los quince, va al cafetín del Parque de Barranco, asiste al colegio Markham, mueve el cuerpo en una discoteca sanisidrina y se va al cine a ver la última de James Bond-. Siempre al lado de su inseparable amigo, el Chato Pezzuolo. 

Es un chico “normal”, a diferencia de los jóvenes de su generación que, “emborrachándose los fines de semana, fumando pitos de marihuana, jalando coca o tragando pastillas de éxtasis en las discotecas del balneario de Asia, en el kilómetro cien de la Panamerican, como tantos niñitos bien de Lima” (Pág. 205). 
Don Rigoberto, en cambio, prefiere su escritorio, su biblioteca, “su pequeño espacio de civilización”, ahí se divierte y excita sus sentidos con el fino arte, las lecturas, la música. 


PIURA POR DENTRO

MVLL llegó a Piura, por primera vez, cuando era casi un niño, en el verano de 1947; aquí terminará la primaria el futuro novelista. Luego volverá para terminar su educación escolar, en 1952, en el colegio nacional San Miguel. Ahí incursiona en el periodismo y dirige su primera obra de teatro, La huída del inca. 

Inmortalizaría la ciudad como escenario en Los cachorros, donde aparece Lituma y La casa verde. El ahora sargento de la policía de El héroe discreto, tiene “la cara morena y regordeta”, su presencia es casi es una presencia en las sombras. 

Por Lituma, como sucede con el narrador omniprescente, recordamos a la vieja Piura de los cincuentas y a la pacotilla de “Los Inconquistables”. Los hermanos León, José y el Mono son también sombras del ayer, los años han pasado y han dejado sus huellas. 

Aunque nació en Yapatera, el dueño de transportes Narihualá, el enjuto Felícito Yanaqué, persona central de la novela, tiene la de todos los migrantes que llevan muchos años en una ciudad destino: se mueve con anchura por las calles del centro de Piura. Su próspero negocio queda en la avenida Sánchez Cerro donde también está el Mercado Central y la comisaría. En esta última conocerá a los “cachacos”, el sargento Lituma y el sicalíptico capitán Silva, quien sólo ve las caderas de la señorita Josefita, “una hembrita de la pitri mitri”. La ciudad a cambiado a su alrededor y el río Piura no ofrece la mejor vista. 

No es sonso este don Felícito, hace sus ejercicios matinales de Qi gong, se sienta bajo los tamarindos de la Plaza de Armas, se toma su juguito de frutas en el restaurante El Chalán, y atraviesa el puente colgante para ir al barrio Castilla, donde le ha alquilado una casita a Mabel, su joven amante con la que lleva ocho años en las buenas fauces del amor. Además de escuchar a Cecilia Barraza, a la que ha ido a ver en el Club Grau con su compadre, el “juerguista y putañero desde churre” Colorado Vignolo, ha puesto un avisito en el diario El tiempo, haciéndoles cara a los chantajistas que quieren que paga 500 dólares mensuales, ni nada más ni nada menos.   

“-Cuando Piura era una ciudad pobre, estas cosas no pasaban. ¿A quién se le iba a ocurrir entonces pedirle cupos a un comerciante? Ahora, como hay plata, los vivos sacan las uñas y quieren hacer su agosto”, dice el sargento Lituma. Hoy son otros tiempos y la urbe norteña es uno de los motores de la agroexportación y la economía nacional.

Con Lituma y Felícito comprendemos las nuevas coordenadas de Piura. El señor Yanaqué va a visitar a la adivinadora Adelaida, ahí en el antiguo barrio del camal, para ver si tiene alguna "inspiración" y le saca de una vez qué pasará con su vida luego de la extorsión de los chantajistas que tienen a todos los empresarios piuranos pagando cupos. La Gallinacera del ayer, ya no existe, hay casas nuevas en El Chipe. 

Los turistas también aportan, Fonchito, doña Lucrecia y don Rigoberto llegan a Piura con temor de darse con una ciudad aburrida, pero descubren la pujanza traducida en centros comerciales, multicines. Lima no se hace extrañar. Pasa en El héroe discreto, pasa en la vida real.


FICHA TÉCNICA: 
Vargas Llosa, Mario. El héroe discreto. Lima, Alfaguara, 2013. Pp. 383

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  @vadillovila